22 de octubre de 2018

La cabra que se animó a volar



Pastora sabía de tierra áspera y ríspida, de las rocas de las altas cumbres del Himalaya. Con mucho cuidado y paciencia subía, subía... su ascenso era tenaz y constante, a pesar de su pata lastimada; Pastora, hasta la cima del Everest no iba a parar. Veía aves que volaban altísimo. 
Una vez se cruzó con un ansar indio, lo miró muy muy alto y se prometió que iba a aprender a volar, (las promesas de las cabras no son moco de pavo, no importa el tiempo que les tarde llegar a su meta).
La segunda vez que se cruzó con Shantai, le envió un whatsap donde decía "quiero que me enseñes a volar", a lo que éste le contestó que su sueño siempre fue aprender a escalar montañas.
"Trato hecho" le mandó Pastora en un mensaje, yo te puedo enseñar pero hay que comenzar por cerros, montañas más sencillas que éstas.
Charla va, charla viene, Pastora le contó que ella era de Sudamérica pero cuando comenzó a practicar yoga y a meditar,decidió viajar a la India.
"En Chile hay una ciudad muy hermosa donde yo iba a pasar mis vacaciones,le comentó Pastora, y escalaba los cerros, allí podrías comenzar tu aprendizaje". 
Shantai asintió. 
Decidieron encontrarse el 3 de octubre alrededor de las 19 hs. en la plaza de Temuco. 
Así fue, la cita se cumplió tal cual como pactada. 
Pastora decidió comenzar por el cerro de los Milagros. 
En cinco o seis semanas, Shantai logró su cometido. 
En eso se escucharon aplausos muy fuertes. 
Una cabra enseñandole a escalar al ave más grande del mundo!
-" Es tu turno" le dijo muy ansiosa Pastora a Shantai, "ahora yo quiero aprender a volar"!
-"Ya lo has conseguido" le contestó el ave, "el logro es tuyo, para volar no hacen falta solamente alas: el deseo, el intento y la utopía son suficientes, te felicito".

Para mi amiga Loreley Molinelli que me ayudó a concretar uno de mis sueños más deseados, gracias!

10 de julio de 2018


Nombres

…Y entonces me di cuenta de que yo nací para ser tía.


¿Cuáles son nuestros nombres “reales”? ¿Nuestros sobrenombres, apodos, seudónimos? ¿Quiénes nos dan esos nombres? Nuestros padres cuando nacemos, para homenajear a algún pariente o amigo que partió, nombres que se pusieron de moda e identifican a una generación, viejos nombres que vuelven a usarse…
Los encargados de nuestros sobrenombres, en general son los amigos y nuestra misma familia: Sebi, Clau, Andy, Guille, Fla. Apodos como El flaco, El pelado, La petisa…
¿Y los seudónimos? De eso nos ocupamos nosotros mismos. No son nombres falsos: son íntimos, son nombres de fantasía y en general son homenajes a gente querida y apelan a la justicia para no favorecer a gente conocida en certámenes y concursos. El mío es la combinación de los nombres de seis seres que amo profundamente: mis sobrinos. Elegí mi seudónimo porque los quiero y ellos me acompañan en mis intentos, en mis deseos, y me brindan su mejor onda, como lo hicieron hace poco cuando fue seleccionado un cuento mío para una antología.
¡Gracias!

La tía Flavia (LUCIANA MARIV)


14 de marzo de 2018

José

José es un nombre masculino de origen hebreo.
Deriva de yôsef (יוסף) «añada», del verbo lehosif (להוסיף) «añadir». La explicación del significado de este nombre  es la siguiente:Entonces se acordó Di´s de"Sarita" . La oyó y abrió su seno, y ellos se enamoraron, Sarita y José, tanto que tuvieron una prolífica descendencia y una progenie maravillosa. Ya viejito José partió, y sin embargo quedó impreso en los corazones y el recuerdo de todos los que lo quisimos tanto.  Un abrazo inmenso a una persona entrañable, Flavia.



1 de diciembre de 2017

Siempre enhorabuena

Siempre en horabuena


Cuando León, el abuelo de Pedro, cumplió 80 años, la familia le organizó una reunión.
Luciana, una sobrina de León, que lo quería mucho, le dedicó un cuento.  En un momento
mientras Luciana  leía, se emocionó y se le quebró la voz; entonces Pedro, que tenía 8 o 9 años, le ofreció  terminar de leer el cuento. 
Así fue: Pedro tomó el papel y continuó con la lectura de un modo impecable, todos lo aplaudieron.
Muchos años después, cuando Luciana estaba por presentar su segundo libro, pensando en qué cuento leería, recordó la anécdota del cumpleaños de León y le preguntó a Pedro si le gustaría leer un cuento el día de la presentación de su libro. Él, entusiasmado le dijo que sí.
El día del evento, Pedro con sus 22 años,se sentó al lado de Luciana, leyó el cuento con la misma maestría que lo hiciera cuando era niño, pero esta vez, desde su celular.
Nuevamente fue aplaudido por todos, en especial por Luciana que se sintió muy feliz.

Dedicado a mi sobrino Andrés el día de la presentación de mi libro. Un abrazo fuerte,  tía Flavia.

3 de julio de 2017

El diploma

El diploma  


Mati tenía cuatro años. La mamá lo había llevado por primera vez al dentista. Después de revisarlo éste le dio el diploma de los dientes limpios.
Una semana después, su tía Rocío lo estaba hamacando en la casa del abuelo y conversaban de diferentes temas.La tía le preguntó si su jardín de infantes era grande.
-Sí, es enooorme -le contestó Mati-. ¿Y la facultad donde vos estudiás?
-Mi facultad es inmensa -le dijo Rocío-, cuando yo me reciba y me den el diploma vas a venir y la vas a conocer.
Entonces Mati se quedó un instante pensando y le preguntó con curiosidad:
-¿Y te van a mirar los dientes?

Para Martu, con mucho amor, todo el éxito,

tiaflavita


11 de abril de 2017

La piedra que late

La piedra que late

 Como tú, piedra aventurera, como tú…
Paco Ibáñez





-¿Tú crees, Sancho, que las piedras laten?
-Pues qué va -responde él- las piedras son duras y frías. ¿De dónde sacaste esa idea?
-He escuchado que en una ciudad cercana hay una piedra que late, y dicen que es por amor.
-Debe ser una tontería… ¿Y cómo se llama esa ciudad? -pregunta Sancho.
-Candil, o algo parecido.
-Ah, pues, en esa ciudad lo que hay son unos salamines y quesos saborizados que te hacen latir el estómago.
-Ay, Sancho, tú y tus eternas vulgaridades... Además, yo soy vegetariano.
-Pues no importa, igual puedes comer queso, o alguna vez traicionar tu dieta. Ya es hora de comenzar a disfrutar de los placeres mundanos. -Y agrega:- Monta tu Rocinante y yo a mi Rucio. Allí vamos.
Terminados los preparativos se van en dirección a Candil. Anochece y llegan a una ciudad. Creyendo que están en Candil comienzan a buscar lo que tanto anhelan. Al recorrerla no encuentran ni la piedra que late ni los tan mentados salamines.
-Estoy tan decepcionado, Sancho…
-¿Estaremos en otra ciudad? Sigamos camino.
Don Quijote y Sancho Panza vuelven a montar sus respectivos equinos.
-A lo lejos veo un pueblo, Sancho, probemos suerte.
Allí se dirigen. Cuando comienzan a ver las primeras casas divisan un cartel que reza: “Bienvenidos a Candil”.
-Pues estabas en lo cierto, Sancho, nos habíamos equivocado.
Don Quijote mira las sierras y de pronto ve una fonda que dice en su entrada: “Época de salamines”. Sancho grita de alegría:
-¡Es aquí, es aquí… Hemos llegado, enhorabuena!
-Vayamos a ver las sierras y luego, “Época de salamines”.
Sancho Panza asiente. Empiezan a ver sierras y montes.
-Aquí veo algo especial -dice Sancho-, acerquémonos, creo que es la famosa piedra que late.
Al llegar al lugar, Sancho se acerca y se da cuenta de que, efectivamente, la piedra se mueve. Se agacha, apoya su oído en la superficie áspera del mineral y escucha unos latidos fuertes.
-¡Es ésta, Quijote, tú tenías razón!
Don Quijote se emociona y le responde:
-¡Pues brindemos!
-Vayamos a la taberna a celebrar.
Cuando llegan, Sancho Panza pide sus salamines y queso saborizado. Mientras tanto, Don Quijote permanece callado, al rato le dice a la camarera:
-Traiga una porción abundante, mi amigo es de buen comer.
-¿Y a usted, caballero, qué le place?
-Todavía no lo he decidido.
Luego de un rato la camarera vuelve con la picada. La mano de Quijote se mueve como por un impulso, toma un salamín y le dice a Sancho:
-Tienes razón: ya es hora de disfrutar de los placeres mundanos –y se lo mete en la boca-.

Para Tandil, lugar donde pasé una semana muy encantadora, y para su hermosa gente.

Flavia Tchina

31 de enero de 2017

Con las palabras de ustedes

Con las palabras que me enviaron al muro el domingo armé este cuento, dedicado a los Palabristas del mundo, uníos
La lista es ésta:
Amor
Molcajete
Cielo
Mar
Justicia
Groserías
Feliz
Jazmín
Encuentro
Sierra
Lunes
Salud
Atrapasueños
Melancolía
Renacer
Calor
Maravilla
Ternura

--
CON LAS PALABRAS DE USTEDES
La Justicia se sentía saturada. Le dijo a su compañero, el Amor, que necesitaba tomarse unas vacaciones, unos días de descanso, que estaba muy agotada: tribunales, groserías, maltratos, el calor agobiante...
¿A dónde vamos? ¿Al mar, a la sierra?, se preguntaron.
-El mar tiene más apertura, te da la sensación de renacer –dijo ella.
-La sierra es más tranquila, más íntima –dijo él.
La Justicia estaba muy nerviosa. Tomó un molcajete y molió la melancolía y todo lo que no la hacía feliz, para proteger su salud.
-¿Cuándo nos vamos? –preguntó ella.
-El lunes –contestó él.
La Justicia tenía ganas de tener un encuentro con el Amor, como hacía tiempo que no tenían. Un encuentro tierno… Puso en la valija un atrapasueños para protegerse de las pesadillas.
En un momento miraron al cielo y cayó una lluvia de jazmines. Ella dijo: “¡Qué maravilla!”.
Era domingo a la tarde, por fin al día siguiente salían.




3 de enero de 2017

Encuentro a medias


.
Las mamás de Lobito y de Sofía eran muy amigas. Siempre quisieron que sus perros se conocieran, y quizás… Hasta que un día se encontraron cada una con su perrito.
La mamá de Sofía la había producido íntegra para el gran encuentro: un moñito muy lindo en la cabeza y en las patitas algo parecido a unas medias con puntillas. Llegaron al parque y los soltaron para que jugaran. Lobito se fue con los otros perros y no le prestó mucha atención a Sofía. Ella se quedó triste y solita. Pensó: “Y yo que me arreglé toda y me puse linda para conquistarlo. Él, ni bola… Entonces Sofía decidió acercarcele igual, a ver qué pasaba”.
Cuando lo encaró, él lo primero que hizo fue sacarle una media y salir corriendo. La mamá se rió y le comentó a su amiga: “A éste le encantan las medias, lo primero que hace es conseguir una y ponerse a jugar, son su juguete favorito”. Su amiga le respondió: “Creí que ya la estaba desvistiendo”. Las dos, muertas de risa, salieron a buscarlo para recuperar la media de Sofía, que estaba muy molesta por haber perdido su elegancia.
Sofía y su mamá volvieron a casa, el encuentro había quedado trunco. Lobito pensaba: “Miren a ésta, anda solamente con medias por la vida, ¡qué sexy! Y no sabe que son mi juguete preferido. O quizás sí, y por eso se las pone.”
Pasó el tiempo y no se vieron más, hasta que un día un paseador de perros los llevó juntos al parque. Otra vez, las medias. Sofía aceptó: “Má sí… que me las saque… seguro que la vamos a pasar bien…”. En eso pasó un viejito y dijo para sí: “Mirá estos dos revolcándose en el barro, qué bien que la pasan”. De pronto vio algo en el piso y lo levantó: “qué delicada esta media,pensó ¿quién la habrá perdido?”.
.

Para Lebrón, mi sobrino perruno, y su familia, que también es la mía.
Flavia http://cuentosdedicados.blogspot.com

27 de diciembre de 2016

El patio

El patio
Ana vive con su gato Merlín en una casa antigua con un patio hermoso lleno de plantas. Por las tardes, mientras las riega, les silba tangos y milongas, y cuando barre las hojas secas pareciera bailar su tango favorito con la escoba, con tanta gracia que los vecinos se asoman a la ventana y la aplauden.
Todos esperaban la hora del atardecer para asistir a estas funciones. Todos, menos Doña Aurora, una viejita de noventa y cinco años que no le tenía simpatía a Ana porque el tango la ponía melancólica. Se juntaban en el patio, armaban parejas y Ana bailaba con Merlín al compás del cuatro por cuatro.
Una tarde nadie la vio regando las plantas ni bailando. Merlín andaba dando vueltas. Los vecinos decidieron reunirse igual a bailar en el patio. Hasta Doña Aurora, que terminó bailando con Merlín.
Cuando Ana llegó y vio a su gato bailando con la viejita se sorprendió gratamente. Gracias a él, Doña Aurora y Ana se reconciliaron. A menudo se las ve tomando juntas la merienda, ahora la primera en llegar a las milongas en el patio es Doña Aurora.

Con cariño para Silvana, mi amiga de Facebook, excelente bailarina de tango y palabrista de la primera hora.
Éste es el regalo de Navidad que ganó en PALABRISTAS DEL MUNDO UNÍOS.

19 de agosto de 2016

Remigio y su enamorada





Remigio era un paisano muy simpático, conocido en el pago por sus bromas y ocurrencias. Él estaba de novio con Azucena y tenían secretos amoríos en los maizales donde se declararon amor eterno.

Al parecer, Azucena era una muchacha muy querendona y tenía una punta de admiradores, pero Remigio era su novio oficial y ella quería casarse con él.
Remigio se hacía el desentendido.

—¿Y, Azucena, para cuándo los confites? —apuraba la paisanada.
—Ja Ja Ja, ¿Azu-cena o Azu-almuerzo? —bromeó Remigio.

Un día, Azucena tomó el toro por las astas y lo encaró.

¿Querés saber qué se dijeron?

“Remigio, ya estoy desconfiando /  y veo que vos me estás farreando, /  te juro, si fuera puro cuento / lo del casamiento no vuelvo al maizal. / Remigio, no me andís bolaseando, / decime si te sigo gustando. / Remigio pa´casarnos prontito / aura mesmito comprame el colchón.
 Así que no volvés al maizal? 
Si no hay casamiento, no 
Querés casorio aura también? 
Claro, pretendientes tengo…
— Como!, tenís pretendientes? 
Claro….. Remigio vos tenés que comprender / que yo de piola no m´e vua´quedar, / porque me arrastra el ala don Daniel, / porque me sigue siempre ´ño Julián, / me espera siempre el Tape en el jaguel, / me encuentra en tuitas partes Barragán, / y vos sabés que floja fuí / cuando aquel beso allá en el maizal”. 
 
 
En recuerdo de Coca y Alex, dos personas entrañables. Y también dedicado a Claudia y Roxana, dos amigas de la vida. 




Fuente del texto de la ranchera:

http://www.nuevoslibros.com.ar/Letras-Tango-R/t-7475/REMIGIO-(RANCHERA).htm

17 de mayo de 2016

La caza del centauro



Los amigos estaban en una reunión muy divertida charlando, comiendo y demás. De pronto, de un golpe se abre la puerta y entra un hombre disfrazado de caballo o al revés.
—¡¿Y esto?! —preguntó Mariana asombrada.
—Pareciera un centauro —contestó Daniel—. ¡¿Estaremos despiertos?! Sí, sí. Soñando no estamos. Es medio extraño todo esto…
El “personaje” arrasó con la comida y no quedó nada.
—Habrá que cazarlo —dijo Alejandra. ¡Ah, no!, ¡no se puede!: los veganos no podemos abusar de animales; además es un potro, ¡miralo bien!
—Entonces, ¿qué hacemos con él? —preguntó Mariana y agregó—: Ya que no podemos cazarlo con z, ¡casémoslo con s!
—Sí, pero dónde vas a conseguir una cent…
—Centáuride —dijo el culto de la reunión.  
—¡Eso, eso! —dijo Mariana—. Casémoslo y que se forme una linda pareja, ¿no?—. Mirá, pensándolo bien, la de al lado es una yegua, por ahí le viene bien —Mariana le tocó la puerta a la vecina y le dijo—: Estamos de reunión. Apareció un potro que ni te imaginás, ¿querés venir?  —Y la vecina enseguida se prendió.
Cuando llegó a lo de Mariana vio a un espécimen.
—Yo soy Centauro —le dijo con una voz de macho impresionante.
—Yo no soy como vos —le dijo Jacqueline, la vecina—, pero soy de tauro. Si te viene bien…
—¡Sí, sí, me encanta cazar toros!
—Me parece que acá hay un error. Yo no vine a que me caces, vine a casarme con vos.
El centauro se quedó un instante en silencio y luego dijo:
—ACEPTO
Jacquelín asintió. Y así fue como la cacería se transformó en casorio.


         Para Mariela, Cari, Claudio. ¡Ah!, ¡y para mí también!

2 de mayo de 2016

Lluvia de arroz




Iba caminando por la calle, el día era radiante. De pronto, pasé por una esquina y comenzó a caer del cielo algo raro. No era una lluvia común; en realidad, llovía arroz. ¡Claro!, salían novios del registro civil y los empapaban con arroz y pétalos de flores. Alguno me salpicó.
Me quedé parada para ver salir a los novios.
Ella, radiante; y él, muy buen mozo. Entonces me sorprendí de que yo los conocía de otra época. Me les acerqué y nos reconocimos inmediatamente. La alegría de encontrarnos en una circunstancia así se acrecentó y nos dimos un abrazo muy fuerte. Realmente me emocioné. No quise retenerlos mucho tiempo porque había gente que los quería saludar. El encuentro me conmovió.
Seguí caminando y pensé:

—Las esquinas son una sorpresa y uno las toma como algo tan cotidiano. Una pareja uniendo su amor a la vuelta de la esquina… como Verónica y Carlos a quienes les deseo que sean muy felices y que sigamos encontrándonos enhorabuena. 


11 de enero de 2016

El Vesubio




Los primeros helados que recuerdo haber probado son los de Piriápolis. Con mi familia veraneábamos allá. En las tardes calurosas íbamos con los gurises a la heladería. Había dos: El Vesubio y El Faro. Nosotros íbamos a El Vesubio. Cada uno elegía los gustos que quería, pero había un tema de no menor importancia que decidir: vasito o cucurucho. Y, de pronto, se escuchaba corear: “¡cucurucho!, ¡cucurucho!...” y así fue. Para el pueblo lo que es del pueblo. Los cucuruchos parecían tener más cantidad de helado y ser más populares que los vasitos. Entonces la mayoría de la gente los elegía.

Nosotros teníamos en “la barra” un amigo, Gustavo, al que lo llamábamos CUCURUCHO porque era muy alto y flaco. Gustavo partió hace poco. Cada vez que lo evoque me aparecerá ese sabor exquisito de los helados de El Vesubio.


Mi recuerdo para él y un abrazo a su familia. Con amor, Flavia. 

12 de junio de 2015

GLADYS

Gladys

Un grupo de amigos de la Facultad se fue a pasear a Barcelona. En realidad, se habían ido por un intercambio de la facu, pero aprovechaban, entra examen y examen, para conocer y disfrutar lindos lugares.

            Como era la primera vez que iban, todo era nuevo para ellos. Y, después de visitar los lugares clásicos, fueron a la Oficina de Turismo para que les recomendaran algún buen guía que los llevara a esos rincones a los que no van los turistas, esos que se descubren medio sin querer.

            El empleado de la oficina les dijo: 

            “Miren, muchachos, nosotros la tenemos a Gladys que es una genia. Los va a llevar por todos lados y, a la hora que quieran, está disponible. Solamente la tienen que cuidar mucho. Gladys conoce palmo a palmo, los lugares que ustedes quieren recorrer”. 

           Los amigos, intrigados, se miraron entre ellos. “¿Qué tendrá esta tal Gladys que es tan famosa en la oficina?” Uno pensó: “Por ahí es medio tímida, y nosotros que somos varios…”

“No se preocupe”, le dijo Maxi, “la vamos a cuidar muy bien”. “¿Y cuánto cobra Gladys?”, preguntó Iván. 

“No es barata, pero es accesible”, le contestó el empleado. 

“¿Y tenemos que pagar todo de antemano?”, preguntó Nahuel. 

“Ustedes me dejan una seña y al final me saldan el resto”.  

Los muchachos estaban realmente excitados. 

“¿Quieren conocer a Gladys?”, preguntó el hombre. 

“Síiiiii”, dijeron a coro. 

“Un momentito, ya la llamó”, comentó el empleado que notaba la ansiedad en los chicos. “¡González!”, gritó y le dijo a un vendedor algo al oído.  

De pronto, los chicos se vieron ante una hermosa casa rodante de marca Grammys:

 “Nosotros la llamamos Gladys”, dijo el vendedor, “¿¡que la disfruten!!”.


Para mi sobrino Martín y sus amigos que están teniendo una experiencia inolvidable!!!!

24 de abril de 2015

El camión de los miércoles





Marcela se resistía a toda costa a comprarse una computadora. Se arreglaba con el ciber de la vuelta. Pasaba una vez por día a revisar los mails, y listo. En sus ratos libros, Marcela escribía cuentos; por el momento los hacía en borrador. Varias personas le preguntaron por qué no los publicaba y de pronto tuvo el deseo de hacerlo, pero eso sí, si iba a publicar un libro, necesitaba indefectiblemente una computadora en su casa.
            Una vez que lo aceptó y lo asumió, se le presentó una serie de interrogantes. No quería ir sola. Le pidió a un amigo que la acompañara y juntos fueron a La casa de Claudio para ver distintas opciones y decidir mejor. Allí encontró un abanico inmenso de posibilidades, desde las más sencillas y económicas hasta las más sofisticadas.
            ¿Cuál le convenía? He aquí el quid de la cuestión. ¿Cómo sabés que no es trucha? Intuición, confianza, buena suerte (Mario, su amigo, tenía bastante experiencia). A Marcela le fallaba la confianza. Ella lo escuchaba a Mario. Miraron una cantidad de computadoras, Marcela se mareó y, en una de esas, su amigo le comentó: “Esta te conviene, es bastante sencilla y a buen precio y, si la comprás al contado, te hacen descuento. Tiene garantía por seis meses”. Marcela, al principio, dudó, pero finalmente se decidió a llevarla.
            Ese lunes le dieron un ticket y le dijeron que se la entregarían a partir de los dos días hábiles posteriores a la compra. Marcela salió de La casa de Claudio muy entusiasmada, pero con algo de desconfianza todavía.
            Le propuso a Mario que fueran a tomar algo, para brindar por la flamante compra, y así lo hicieron. El miércoles siguiente, a media mañana, llegó la compu a su casa (ella la bautizó con el nombre de Emilio para bajar las últimas resistencias que le quedaban).
            Le recomendaron un buen técnico que se la instaló y así comenzó la aventura.
            Sencilla y de buen precio. ¿Y cómo sabés que no es trucha? Intuición, confianza y experiencia. La de Mario. Ella, un cero al as. Emilio se la bancó una semana y un buen día se descompuso. Marcela la hizo revisar y no hubo duda: la CPU no funcionaba.
             Entonces llamó a La casa de Claudio para quejarse, le dijeron que había un camión los días miércoles, que las iba a buscar al domicilio y las devolvía el miércoles siguiente. Pero ese día era jueves y no había nada que hacer. “Si quiere acérquela usted hasta el local”, le dijeron, “la guardamos en el depósito hasta el miércoles que viene, la revisa y se la devolvemos”. Marcela no sabía qué hacer. De todos modos, tendría que esperar. Volvió a llamar a La casa de Claudio: cada empleado le decía algo distinto. Finalmente, decidió llevarla ella misma en vez de esperar al camión de los miércoles.
            Se subió a un taxi, ella y la CPU y se dirigió hacia donde la había comprado. Le dieron un ticket para asegurar que la máquina estaría en el depósito hasta el miércoles en que llegaría el camión y la llevaría a reparar. Mientras tanto, como antes, el ciber.
           El miércoles siguiente hubo paro, entonces el camión no pasó. Hubo que esperar hasta el miércoles próximo y rezar. Durante el tiempo de espera, Marcela llamaba a La casa de Claudio y se peleaba con todo el mundo, pero no le servía de nada. Después del paro, Marcela fue al negocio, llevó el ticket del depósito, pero, como era de esperar, le faltaba un papel y nadie se hacía cargo: la única esperanza era el camión de los miércoles.
             A la semana siguiente le dijeron que había mandado la CPU a reparación y que tenía que esperar una semana más. El miércoles siguiente fue feriado y, como era de esperar, el camión no pasó.
             Marcela ya estaba verde de bronca y en La casa de Claudio, de lo más tranquilos. “Señora, el próximo miércoles va a venir el camión con la CPU reparada”, esa era la respuesta. Conclusión: esperar y rezar.
             La semana entrante volvió la CPU sin arreglo. Faltaba una pieza que no se conseguía y había que esperar un miércoles más. Llegó el día: le dijeron que la CPU estaba reparada y se la llevarían al domicilio algo así como a las dieciséis horas. Llegaron a las diecisiete treinta, le entregaron la máquina y esta, otra vez, no funcionaba.
            Marcela se tomó unos minutos para relajarse y rezar antes de matar a alguien. Volvió a llamar a La casa de Claudio para ver si le podían cambiar la CPU, pero esto no dependía de los empleados, sino del personal jerárquico. “Llame al interno 181 y ahí le van a contestar”. Existía una posibilidad de que le cambiaran la CPU, pero en esto también estaba involucrado el camión de los miércoles. Ese día era viernes, venía el fin de semana y dos días más. A esta altura, qué le hace una mancha más al tigre.
             El martes a la tarde la llamaron de La casa de Claudio para decirle que el miércoles al mediodía iba a recibir en su domicilio una CPU nueva: ella no lo podía creer, pero milagrosamente, al día siguiente, día miércoles, el camión le acercó la máquina nueva. La instalaron en su departamento y funcionó.
            Al fin y al cabo, ese, ¿fue un día de miércoles? ¿Vos qué pensás?


Para Diego, el técnico de mi compu.  


20 de febrero de 2015

La sirena del barco


Susana se recostó, cerró los ojos, comenzó a respirar profundo y se entregó a los gratos sonidos de los cuencos. De pronto sintió la sirena de un barco y una imagen se desplegó ante ella. La vio a Alicia esperando a su amor, Eduardo, que había viajado hacía quince años a Europa por temas familiares y su retorno se demoró más de los previsto.
                El barco se acercaba cada vez más a la costa y Alicia se preguntaba si se reconocerían, si él estaría muy cambiado, si continuaría siendo su mismo amor; en fin, innumerables preguntas…
                Susana continuaba con sus respiraciones en un estado de sopor, no sabía bien si estaba despierta o quizás soñando.
                De pronto, un silencio muy profundo. Susana se incorporó emocionada: los pasajeros estaban desembarcando y Alicia buscaba a su amor.  




Dedicado a Los cuencos tibetanos que me inspiran historias mientras los escucho. 

23 de enero de 2015

Un puente entre las dos
















Alejandra solía ir a menudo a un café artístico donde se juntaba todo tipo de gente creativa: músicos, artistas plásticos, escritores… Allí solía encontrar inspiración para sus cuentos.
            Aquél día se sentó a una mesa algo alejada y comenzó a escribir. Estaba muy concentrada cuando, de pronto, se sintió envuelta por un sonido mágico. Era una flauta traversa. En un intervalo, pudo ver a la flautista charlando animadamente con una artista plástica que le enseñaba su obra.
Alejandra tuvo el deseo de acercárseles para intercambiar unas palabras con ellas. Internamente tenía la sensación de que las conocía de otra época. Cuando estuvo algo más cerca, pudo reconocerlas: a Kattya, la fautista y a Gala, la pintora. ¡Cuál fue su sorpresa y su emoción cuando se dio cuenta de que habían sido dos maestras de su infancia! Lo que más la emocionó fue verlas juntas como grandes amigas.
Por un momento se sintió un puente entre las dos. Corrió hacia ellas como la niña que fue entonces y éstas inmediatamente la reconocieron: “Alejandra, ¡qué sorpresa encontrarte acá después de tantos años!”, le dijo Gala. “Tenés la misma sonrisa que cuando eras chiquita”, agregó. Y Kattya le miró las manos y la reconoció inmediatamente.
Alejandra las abrazó y se emocionó. “¡Qué maravilla verlas juntas! ¡Hermosos recuerdos de mi infancia! Las vi de lejos y las quise saludar, dejé mi escritura a un costado y, cuando las vi más de cerca, las reconocí. ¡Qué hermoso reencuentro! Creo que voy a terminar escribiendo otro cuento y se lo voy a dedicar a ustedes”.

Para Ketty y Ángela, dos grandes Maestras. 

5 de enero de 2015

María y el ángel, un cuento de Navidad

María y el ángel, un cuento de Navidad

Pocos días atrás, Laura se recibió de profesora de yoga. Hacía tres meses que se había mudado a un departamento en el séptimo piso, el último (“como el séptimo chakra”, pensó). En realidad, el edificio tenía un piso más arriba al que se accedía por escalera. “Esta es ya es una energía superior”, se dijo. A medida que iba conociendo a sus vecinos y los pisos en que vivían, ellas los iba relacionando con los distintos chakras a modo de juego. Todavía no conocía a los vecinos del octavo. Todo lo que sabía era que vivía una señora mayor con su hija. Así le había comentado la encargada.
Un día se cruzó por la escalera con la señora y se saludaron con una sonrisa. Esa noche Laura tuvo un sueño interesante. La vio a María y a un ángel junto a ella. “Buen sueño para la época de Navidad”, pensó.
Unos días después, bajó con las vecinas en el ascensor. Cuando les preguntó el nombre, la señora mayor le dijo: “Yo me llamo Ángela, pero me dicen Angelita. Y mi hija, María”. “Evidentemente mis vecinas tienen una energía muy especial”, pensó. “Yo me llamo Laura, encantada, y vivo en el séptimo chakra”, agregó distraída.



Para María y Angelita, mis super-vecinas. Muchas felicidades en este 2015 que está comenzando.